Barcelona: Casa Batlló
Cuando en 1898 se inauguró la Casa Amatller, obra esencial para el modernismo catalán, Josep Batlló , propietario del edificio contiguo, sintió la obligación “estética” de reeplantear al anticuado aspecto de su casa construida en 1877. En un primer momento se pidió permiso al ayuntamiento para derruir todo el edificio, pero en 1904 se hizo otra solicitud de licencia para reformar únicamente la fachada. Este cambio de planes en el proyecto se debió a la intervención de Antoni Gaudí, que en 1904 aceptó la propuesta del señor Batlló.
El arquitecto decidió conservar la estructura original del edificio y basar su esfuerzo en diseñar una fachada que superase la Casa Amatller. El trabajo no fue nada fácil, pero la genialidad de Gaudí hizo que el resultado fuera espectacular y totalmente original. Al tratarse de una obra entre medianeras, el diseño de Gaudí se veía obligado a seguir unas normas urbanísticas impuestas por el Ayuntamiento durante la elaboración del Plan Cerdá. Las casas vecinas obligaban al arquitecto a hacer coincidir los tejados para conseguir un efecto arquitectónico más adecuado. La diferencia entre las alturas de las dos casas anexas hizo que Gaudí se planteara este tejado sinuoso.
En la Casa Batlló encontramos la mayoría de características que describen el arte del Modernismo, como el predominio de la línea curva sobre la recta, la asimetría, los grandes detalles decorativos, y la importancia de la naturaleza en los motivos ornamentales y estructurales. La fachada destaca por las leves ondulaciones verticales, realizadas a partir de un espléndido trabajo de trencadís de varios colores que reviste toda la parte frontal, y por cerámica en forma de círculos de diversas medidas y tonalidades que se van distribuyendo a lo largo de todo el espacio. Estos elementos decorativos nos remiten a un medio acuoso, a un río con sus piedras gastadas pro la erosión del agua.
La cerámica no sólo la encontramos en la fachada, sino que también recubre el interior de la entrada, la escalera de vecinos y el patio central de la casa. En la parte superior de este último espacio, Gaudí coloco piezas de color azul oscuro, tonalidad que se va aclarando a medida que nos acercamos al suelo, con la intención de distribuir mejor la luz natural. En esta revisión personal que Gaudí hizo de la naturaleza destaca, junto con la fachada del edificio, un gran tejado que no se libra del simbolismo que domina toda la obra del arquitecto. En esta cobertura podemos distinguir el lomo de un dragón con una espada clavada, tal y como narra la leyenda de san Jorge, patrón de Cataluña. La figura del dragón no sólo la encontramos en el tejado, sino que las vértebras de este animal sirven de estructura para diseñar la escalera central del edificio.
Las barandillas de hierro forjado también de Antoni Gaudí, tienen forma de antifaz, pero hay algo en ellas que nos recuerda a partes del esqueleto humano, como una pelvis o los huesos de la cara. Esta interpretación se ve fundamentada en el nombre que popularmente recibe la casa, “la huesera” haciendo clara referencia a las hormas óseas de las columnas que sostienen la tribuna de la planta principal y del primer piso. Según la lectura mitológica de la leyenda de san Jorge, podrían ser las tibias de los guerreros muertos por el dragón a lo largo de los años.
La casa fue finalizada en 1906, el Ayuntamiento de Barcelona la seleccionó como una de las mejores obras construidas en aquel último año. En el año 2005 la UNESCO declaró patrimonio de la humanidad a la Casa Batlló.
Bibliografia.-GAUDÍ, obra completa. Tomo II, 1900-1926. Editorial EVERGREEN
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